miércoles, 1 de julio de 2015

Discos Chingones: Queen - Queen II (1974)



A mediados de los '70s Queen no era nadie, habían sacado un disco que llegó a vender lo suficiente como para que su disquera les dejara grabar otro y habían salido de gira como teloneros de Mott the Hoople, grupo que dudo habría conocido de otra forma. A diferencia de cuando grabaron su primer album, en esta ocasión sí pudieron rentar el estudio en horas decentes y se dedicaron a realizar arreglos complejos y el tipo de coros multivocales que hoy ya son clásicos de la banda.

También a mediados de los '70s estaban en boga los albumes "conceptuales" y aunque éste no lo es,  hay una especie de temática que une a las canciones. En el "White Side" vienen los temas de Brian May y cuentan con arreglos más tradicionales y letras melancólicas (father to son, some day one day). La que para mi es la mejor canción del grupo, "White Queen (as it began)" aparece aquí.

Por otro lado, (see what I did there?) todas las canciones de Freddie Mercury vienen en el "Black side" y son una especie de exageración musical con letras ligadas a historías de fantasía (ogre battle, fairy feller's, black queen).

El único track que parece desentonar en el disco es "The loser in the end" ya que es una canción de rock totalmente tradicional.
El disco no causó mucho impacto, pero llegó a tener un tema en top 10 en el Reino unido (La 2da, versión de "Seven seas of Rhye"). Aunque, como después se haría costumbre, no pegó con los gringos.

El disco sigue siendo actualmente uno de los menos vendidos y conocidos de Queen. Cosa que me vale, es un disco chingón y los güeyes de 1001 albums que debes oir antes de morir están de acuerdo conmigo.


Tracklist
  1. Procession
  2. Father to Son
  3. White Queen (As It Began)
  4. Some Day One Day
  5. The Loser in the End
  6. Ogre Battle
  7. The Fairy Feller's Master-Stroke
  8. Nevermore
  9. The March of the Black Queen
  10. Funny How Love Is
  11. Seven Seas of Rhye

sábado, 20 de junio de 2015

Antiguos traumas: Cubierta de The Bermuda Triangle

Cuando vivía en el D.F. y tenía unos 4 o 5 años me empezaron a comprar LPs de música y cuentos infantiles: Cri-cri, los pitufos y los doblajes de películas de Disney. Lógico que algún día me puse a buscar mis discos entre el bonche familiar para ponerlos en la tornamesa yo sólito (una de esas gracias que ahora invariablemente se grabarían a 8 Megapixeles para compartirla en el guasap y el feis).

En alguna de esas ocasiones me encontré por primera vez con el diablo en forma de portada:


The Bermuda Triangle de Isao Tomita muestra una alineación de las nubes, la luna y su reflejo sobre el mar que crean la imagen de un ser demoniaco viendo como una serie de aviones y un barco se precipitan al vacío del fondo del mar por un hueco en forma de triángulo.

La esquina inferior derecha muestra una cola de sirena, pero siempre que veo la imagen de reojo me parece el lugar donde estaría una mano apuñada. No creo haberme dado cuenta en aquella época de que en el fondo del triángulo hay un corazón.

La cotranportada muestra una imagen simultánea que ocurre en el fondo del triángulo: un piloto abrazado a una sirena mientras unas creaturas grotescas bailan alrededor de la pareja. Mientras, los aviones y el barco caen al triángulo.



A los 4 años no tenía ni idea de los mitos del triángulo de las Bermudas.  Pero títulos de las canciones como "The Giant Pyramid Sitting at the Bottom of the Sea of Bermuda and the Ancient People" solo hacían todo más raro y lo raro es pariente de lo feo y todo lo feo (excepto yo mismo) me trauma.

lunes, 8 de junio de 2015

Discos Chingones: Cocco - Kumuiuta (1998)



Durante mi último año de la preparatoria, hace ya bastante tiempo, me dediqué a bajar música de anime (para propósitos educativos/de entretenimiento sólo por 24 horas...por supuesto), mi afición favorita de aquél momento. Por error bajé el segundo álbum de Cocco, una solista proveniente de Okinawa, creyendo que se trataba de Coco, un grupo de bubblegum pop que cantaba uno o dos temas de ranma 1/2.

Nada que ver.

El disco está lleno de contrastes comenzando por "canción de cuna de un día lluvioso" 小さな雨の日のクワァームイ. Balada corta y lenta, totalmente a capella, a la que le sigue "cuna mojada" 濡れた揺籃. Tema rockero basado completamente en riffs de guitarra con mucha distorsión mientras la cantante grita la canción pero con una voz que no se escucha nada ruda.

Más adelante en "Fuerte y efímero" 強く儚い者たち  le canta a alguién que dejó todo para proteger a su princesa y mientras él sigue perdido, ella se sacude con alguién más. Y mientras "My Dear Pig" es una canción infantil de tonada feliz sobre un cerdo que no quiere que lo coman, "Rose Letter" es un reclamo, un poco disonante, a la antigua pareja.

Es en parte ese desequilibrio el que hace que el disco tenga coherencia. Los riffs de guitarra se escuchan más siniestros después de la canción de arrullo, y el ensamble de cuerdas con tonada triste tiene mayor impacto después de oir la canción feliz de un cerdito. "El camino de los sueños" 夢路 es una balada rock introspectiva que calma la intensidad de "Cuerpo Desnudo"裸体, la típica canción de vieja ardida que le dice al susodicho sacatemuchoachingátumadre.

Esto tampoco significa que todo el disco consista en estar brincando de un extremo al otro. Los mejores momentos son precisamente aquellos donde hay mayor moderación. El mejor track del disco, "Raining", va tomando fuerza con cada estrofa que avanza, pero sin llegar nunca a explotar.

Seguido aparecen cantantes femeninas cuya "característica" es cantar "contra ellos", si hay algo que tienen en común es que no les creo ni madre. Cocco tiene una mezcla de intensidad, letras que rondan alrededor de la traición y el autosacrificio con mucha más credibilidad que cientos de canciones emo.

Un disco que a todas luces no se hizo para ser disfrutado en mi rancho, y que definitivamente no es el mejor de cocco, pero estoy convencido de que es un disco chingón.


Tracklist

  1. 小さな雨の日のクワァームイ
  2. 濡れた揺籃
  3. 強く儚い者たち
  4. あなたへの月
  5. Rose Letter
  6. My Dear Pig
  7. うたかた
  8. 裸体
  9. 夢路
  10. Satie
  11. Raining
  12. ウナイ

domingo, 19 de abril de 2015

Dormir con audifonos....

Tuve la maña de acostarme a dormir con audífonos desde que mi apá les compró un par de walkman a mis hermanas en nuestro primer viaje a gabacholandia (uno pa' c/u, no se vayan a pelear las princesas) y yo me adueñé de ellos en cuanto ellas dieron la más mínima muestra de que no les gustaban. Yo tendría unos 10 años.

De hecho, ahora que me acuerdo, desde antes de eso dormía casi abrazado de una bocina del estéreo viejo de mi apá que instalé en la cabecera de mi cama.
¡Órale güeyes! Aprovechen pa' burlarse.

En fin, la idea es la misma: desde siempre fue una costumbre para mí estar escuchando algo para dormirme. No es que sufra de insomnio si no lo hago, pero solía "arrullarme" de forma más sencilla si escuchaba música.

De hecho  la costumbre se acentuó a finales de los 90's, principios de los 00's cuando apareció la cosa esa del interné que hizo popular al MP3, los quemadores de CD's dejaron de costar una millonada y la colección de discos de mi apá ya no cabía en uno de los cajones del librero.

Y así conocí cosas que se convirtieron en mis favoritos como la discografía de Queen, Cocco, L'arc en Ciel y demás cochinadas de los setentas y de Japón.

Cuándo recién me casé, la pleba más pinta del mundo se extrañó de esa costumbre rara del güey ese con el que tiene que compartir la cama. A mí me dio por dejar de hacerlo, por creer que la molestaba, pero la conciencia me duró a lo mucho unas dos semanas y seguí durmiendo con audífonos aunque ya no todos los días como antes.

La costumbre terminó definitivamente cuando tuve al mismo tiempo a mi papá y a la pleba recién operados, un recién nacido de mucho apetito y poco sueño y un proyecto gigante en la chamba. Digamos que el Guamu no necesitaba arrullarse, ni tampoco había oportunidad de experimentar nueva música.

Oír música en un estado de semi inconsciencia sigue siendo algo que suele calmar todos mis pinches traumas por un ratito.

Tal vez debería hacerlo más seguido.

lunes, 6 de abril de 2015

Apá

El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magía de la nostalgia

Milan Kundera 


Hace ya un año que murió mi apá.

Sucedió repentinamente, sin necesidad de atención médica, sin periodo de agonía. Nada. Sólo pasó. Desde que me avisaron que lo iban a llevar al doctor porque se veía agitado hasta que llegué a casa de mi mamá no pasaron ni diez minutos y ya había fallecido.

No le avisé a nadie fuera de la familia en el momento ¿Para qué? Nomás se preparó todo para llevarlo a Culiacán y que se hicieran los servicios funerarios allá. Ni siquiera me dio por enojarme con los de las funerarias que aparecieron como buitres a los 10 o 15 minutos del fallecimiento, nomás agarré las tarjetas de presentación y les dije que más tarde les avisábamos. Después supe que mi hermana es la que se encargó de correrlos a la fregada.

Tampoco me dio por encabronarme con el güey del trabajo que me habló la mañana siguiente (mientras esperábamos que prepararan el cuerpo para el transporte) para reclamarme de un plan de trabajo que según él estaba mal hecho y, que fiel a su estilo, me dijo "No digas mamadas, putito" cuando le expliqué por qué el que decía idioteces era él.

Cuando era un adolescente, algunas veces, me hice la pregunta de qué chingados iba a hacer cuando murieran mis padres. Ahora no recuerdo que es lo que imaginaba, supongo que era algo del estilo "va a ser el fin del mundo". Debo hacer notar que siempre fui un adolescente muy chillón y amante del drama. 

Al final resultó ser algo muy distinto, algo tranquilo. Tan tranquilo como puede ser algo que de pronto te agüita cuando ves, escuchas o recuerdas algo relacionado con él, pero a final de cuentas la vida continuó.

En fin, el punto es que hace ya un año desde que no está.

Al rato.

domingo, 19 de octubre de 2014

Limpiando el cochinero

Hoy me acordé de que esta cosa existe.

La última vez que publiqué algo aquí mi vida era muy diferente.

Mi trabajo era distinto y las responsabilidades eran otras, mi bebé apenas si se movía y el que no se despertara 4 veces en la madrugada era un gran logro, mi padre aún vivía y acabábamos de regresar de unas vacaciones donde casi se había juntado toda la familia.

Hoy que regresé encuentro la lista de entradas llena de borradores que nunca publiqué por mi crónica preocupación de que los demás vean que escribo puras pendejadas.

No sé el por qué de la preocupación de que "alguien" vea las idioteces que me preocupaban. Al fin y al cabo nadie las lee y cada quién tiene sus propias preocupaciones que son babosadas sin sentido para otros.

Revisando las entradas antiguas recuerdo una época hace ya bastantes años cuando lo único que me preocupaba eran los "grandes" problemas (así me lo parecían entonces) en mi anterior trabajo y si íbamos a poder ganar un juego en el torneo interno de basquetbol.

Si alguna vez abrí este espacio fue para mí, pero no le veo mucho sentido.

Tal vez no tengo ganas de hablarme. O tal vez sea tiempo de seguirme contando chingaderas sin chiste.

sábado, 4 de enero de 2014

Estoy seguro que así no es como funciona.

Escuchado en una tienda naturista mientras buscábamos el OMV (En este caso jabón de Golondrina pal bebé)

Vendedora a un viejito que estaba en el mostrador: A ver señor, ¿tiene usted diabetes?
Viejito: Pues viera usted que no sé....
Vendedora: Pues debería checa...
Viejito interrumpiendo a la vendedora: A veces como que tengo y a veces como que se me quita

lunes, 18 de noviembre de 2013

Un mundo (literario) libre de smartphones



Acabo de terminar de leer "World War Z" de Max Brooks y antes de eso leí "La Lentitud" de Milan Kundera. La primera se publicó en el 2006 y la otra a finales de los 90's. Aunque no tienen ninguna relación entre sí, más allá de estar ambientadas en la época actual, hubo algo altamente disfrutable en las dos: en un mundo donde ya existen los celulares y en situaciones que hoy en día los involucrarían forzosamente, no hay una sola mención a los teléfonos móviles, mucho menos a aparatos parecidos a smartphones.

Sí, es algo pendejo, pero ya estoy rodeado sin escapatoria en el mundo real, no me gusta en lo más mínimo que también la ficción empiece a definirse por los gadgets y la manera en que funcionan.

¿Por qué tengo esta creciente aversión por estos aparatos? No lo sé. Yo también me convierto en esa especie de zombie que no pone atención a lo que ocurre alrededor por estar interactuando con pantallas táctiles. Aunque aún estoy bastante lejos de los niveles que veo con, por ejemplo, mis sobrinos políticos.

Y aunque, como mi madre les podrá asegurar, soy un "pinchi vicioso que ni siquiera le hace caso a su hijo por estarse friendo el cerebro con el nintendo ese", por lo menos esa fase autista tiene un lugar y espacio definido y único donde ocurre y no sucede cada 15 minutos en la calle, trabajo, fila para pagar en el Oxxo o camión. *

En fín...

Regresen dentro de un año, o tal vez menos, cuando hipócritamente les estaré presumiendo el nuevo aparato inteligente que me acabo de comprar y sin el cual no puedo vivir.



PD. En realidad Cuarto se encarga de manera muy eficiente de que deje de jugar para hacerle caso.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Los peleantes nocturnos.

¡Ay sí! ¡Ay sí! 

Nos peleamos toda la noche y en la mañana ya nos queremos otra vez.



¬_¬

domingo, 20 de octubre de 2013

Review atrasado: Jpod


Jpod, de Douglas Coupland, es la clase de libro ligero basado totalmente en el uso de un humor absurdo y estúpido de la cual se hubiera burlado mi apá, diciendo "cómo te gustan las pendejadas".

Y tendría toda la razón porque desde el principio es precisamente eso.

Jpod trata de las situaciones jocosas (wink wink) que suceden en la vida de Ethan Jarlewski, todas causadas por su excéntrica familia y compañeros de trabajo. Ethan trabaja como programador en una compañía de videojuegos en el área conocida como Jpod, un pedazo escondido en el sótano donde los cubículos están ocupados por empleados cuyos apellidos comienzan con "J" a causa de un error provocado por el Y2K. El que todos los esclavos de jpod pasen el límite legal de lo excéntrico es pura coincidencia. Su madre es aficionada a la botánica "redituable" y puede o no haber matado a un traficante por error, o no. Su padre es un aspirante a actor, desesperado en conseguir un rol con diálogos y con un affair con una actriz/modelo no muy completa del cerebro. Su hermano esconde inmigrantes ilegales en su casa por deudas anteriores contraídas con Kam, el capo, traficante y asesino chino más buena persona que nadie pudiera conocer.

Y así, la vida va normal en Jpod, hasta que todo comienza a irse al carajo cuando los jefes deciden que hay que agregar una tortuga antropomórfica "radical" y "cool" al juego de patinetas que es el proyecto actual de la compañía.

Personajes amorales, referencias pop al por mayor, métodos alternativos de entregar la narrativa y auto inserción por parte del autor. Todos los elementos para un desastre literario conjuntados. Y sin embargo, la novela es ligera y altamente satisfactoria, igual que una sopa maruchan con limón y salsa de botella (igual de hueca también).

Los mejores segmentos son sin duda las cadenas de texto y mails que se envían entre sí los prisioneros de jpod a lo largo del libro. Por ejemplo, el pasado de los jpoditas es revelado en un concurso de cartas de amor a Ronald McDonald. ¿Por qué razón? Ya ni me acuerdo.

En fin. Libro altamente recomendable si la expectativa es leer pendejadas (apá dixit).