domingo, 19 de abril de 2015

Dormir con audifonos....

Tuve la maña de acostarme a dormir con audífonos desde que mi apá les compró un par de Walkmans a mis hermanas en nuestro primer viaje a gabacholandia (uno pa' c/u, no se vayan a pelear las princesas) y yo me adueñé de ellos en cuanto ellas dieron la más mínima muestra de que no les gustaban. Yo tendría unos 10 años.

De hecho, ahora que me acuerdo, desde antes de eso dormía casi abrazado de una bocina del estéreo viejo de mi apá que instalé en la cabecera de mi cama.
¡Órale güeyes! Aprovechen pa' burlarse.

En fin, la idea es la misma: desde siempre fue una costumbre para mí estar escuchando algo para dormirme. No es que sufra de insomnio si no lo hago, pero solía "arrullarme" de forma más sencilla si escuchaba música.

De hecho  la costumbre se acentuó a finales de los 90's, principios de los 00's cuando apareció la cosa esa del interné que hizo popular al MP3, los quemadores de CD's dejaron de costar una millonada y la colección de discos de mi apá ya no cabía en uno de los cajones del librero.

Y así conocí cosas que se convirtieron en mis favoritos como la discografía de Queen, Cocco, L'arc en Ciel y demás cochinadas de los setentas y de Japón.

Cuándo recién me casé, la pleba más pinta del mundo se extrañó de esa costumbre rara del güey ese con el que tiene que compartir la cama. A mí me dio por dejar de hacerlo, por creer que la molestaba, pero la conciencia me duró a lo mucho unas dos semanas y seguí durmiendo con audífonos aunque ya no todos los días como antes.

La costumbre terminó definitivamente cuando tuve, al mismo tiempo, a mi papá y a la pleba recién operados, a un recién nacido de mucho apetito y poco sueño y un proyecto gigante en la chamba. Digamos que el Guamu no necesitaba arrullarse, ni tampoco había oportunidad de experimentar nueva música.

Oír música en un estado de semi inconsciencia sigue siendo algo que suele calmar todos mis pinches traumas por un ratito.

Tal vez debería hacerlo más seguido.

lunes, 6 de abril de 2015

Apá

El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia

Milan Kundera 


Hace ya un año que murió mi apá.

Sucedió repentinamente, sin necesidad de atención médica, sin periodo de agonía. Nada. Sólo pasó. Desde que me avisaron que lo iban a llevar al doctor porque se veía agitado hasta que llegué a casa de mi mamá no pasaron ni diez minutos y ya había fallecido.

No le avisé a nadie fuera de la familia en el momento ¿Para qué? Nomás se preparó todo para llevarlo a Culiacán y que se hicieran los servicios funerarios allá. Ni siquiera me dio por enojarme con los de las funerarias que aparecieron como buitres a los 10 o 15 minutos del fallecimiento, nomás agarré las tarjetas de presentación y les dije que más tarde les avisábamos. Después supe que mi hermana es la que se encargó de correrlos a la fregada.

Tampoco me dio por encabronarme con el güey del trabajo que me habló la mañana siguiente (mientras esperábamos que prepararan el cuerpo para el transporte) para reclamarme de un plan de trabajo que según él estaba mal hecho y, que fiel a su estilo, me dijo "No digas mamadas, putito" cuando le expliqué por qué el que decía idioteces era él.

Cuando era un adolescente, algunas veces, me hice la pregunta de qué chingados iba a hacer cuando murieran mis padres. Ahora no recuerdo que es lo que imaginaba, supongo que era algo del estilo "va a ser el fin del mundo". Debo hacer notar que siempre fui un adolescente muy chillón y amante del drama. 

Al final resultó ser algo muy distinto, algo tranquilo. Tan tranquilo como puede ser algo que de pronto te agüita cuando ves, escuchas o recuerdas algo relacionado con él, pero a final de cuentas la vida continuó.

En fin, el punto es que hace ya un año desde que no está.

Al rato.

domingo, 19 de octubre de 2014

Limpiando el cochinero

Hoy me acordé de que esta cosa existe.

La última vez que publiqué algo aquí mi vida era muy diferente.

Mi trabajo era distinto y las responsabilidades eran otras, mi bebé apenas si se movía y el que no se despertara 4 veces en la madrugada era un gran logro, mi padre aún vivía y acabábamos de regresar de unas vacaciones donde casi se había juntado toda la familia.

Hoy que regresé encuentro la lista de entradas llena de borradores que nunca publiqué por mi crónica preocupación de que los demás vean que escribo puras pendejadas.

No sé el por qué de la preocupación de que "alguien" vea las idioteces que me preocupaban. Al fin y al cabo, nadie las lee y cada quién tiene sus propias preocupaciones que son babosadas sin sentido para otros.

Revisando las entradas antiguas recuerdo una época hace ya bastantes años cuando lo único que me preocupaba eran los "grandes" problemas (así me lo parecían entonces) en mi anterior trabajo y si íbamos a poder ganar un juego en el torneo interno de basquetbol.

Si alguna vez abrí este espacio fue para mí, pero no le veo mucho sentido.

Tal vez no tengo ganas de hablarme. O tal vez sea tiempo de seguirme contando chingaderas sin chiste.

sábado, 4 de enero de 2014

Estoy seguro que así no es como funciona.

Escuchado en una tienda naturista mientras buscábamos el OMV (En este caso jabón de Golondrina pal bebé)

Vendedora a un viejito que estaba en el mostrador: A ver señor, ¿tiene usted diabetes?
Viejito: Pues viera usted que no sé....
Vendedora: Pues debería checa...
Viejito interrumpiendo a la vendedora: A veces como que tengo y a veces como que se me quita

lunes, 18 de noviembre de 2013

Un mundo (literario) libre de smartphones



Acabo de terminar de leer "World War Z" de Max Brooks y antes de eso leí "La Lentitud" de Milan Kundera. La primera se publicó en el 2006 y la otra a finales de los 90's. Aunque no tienen ninguna relación entre sí, más allá de estar ambientadas en la época actual, hubo algo altamente disfrutable en las dos: en un mundo donde ya existen los celulares y en situaciones que hoy en día los involucrarían forzosamente, no hay una sola mención a los teléfonos móviles, mucho menos a aparatos parecidos a smartphones.

Sí, es algo pendejo, pero ya estoy rodeado sin escapatoria en el mundo real, no me gusta en lo más mínimo que también la ficción empiece a definirse por los gadgets y la manera en que funcionan.

¿Por qué tengo esta creciente aversión por estos aparatos? No lo sé. Yo también me convierto en esa especie de zombí que no pone atención a lo que ocurre alrededor por estar interactuando con pantallas táctiles. Aunque aún estoy bastante lejos de los niveles que veo con, por ejemplo, mis sobrinos políticos.

Y aunque, como mi madre les podrá asegurar, soy un "pinchi vicioso que ni siquiera le hace caso a su hijo por estarse friendo el cerebro con el nintendo ese", por lo menos esa fase autista tiene un lugar y espacio definido y único y no sucede cada 15 minutos en la calle, trabajo, fila para pagar en el Oxxo o camión.

En fín...

Regresen dentro de un año, o tal vez menos, cuando hipócritamente les estaré presumiendo el nuevo aparato inteligente que me acabo de comprar y sin el cual no puedo vivir.



PD. En realidad Cuarto se encarga de manera muy eficiente de que deje de jugar para que le hagan caso.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Los peleantes nocturnos.

¡Ay sí! ¡Ay sí! 

Nos peleamos toda la noche y en la mañana ya nos queremos otra vez.



¬_¬

domingo, 20 de octubre de 2013

Review atrasado: Jpod


Jpod, de Douglas Coupland, es la clase de libro ligero basado totalmente en el uso de un humor absurdo y estúpido de la cual se hubiera burlado mi apá, diciendo "cómo te gustan las pendejadas".

Y tendría toda la razón porque desde el principio es precisamente eso.

Jpod trata de las situaciones jocosas (wink wink) que suceden en la vida de Ethan Jarlewski, todas causadas por su excéntrica familia y compañeros de trabajo. Ethan trabaja como programador en una compañía de videojuegos en el área conocida como Jpod, un pedazo escondido en el sótano donde los cubículos están ocupados por empleados cuyos apellidos comienzan con "J" a causa de un error provocado por el Y2K. El que todos los esclavos de jpod pasen el límite legal de lo excéntrico es pura coincidencia. Su madre es aficionada a la botánica "redituable" y puede (o no) haber matado a un traficante por error (o no). Su padre es un aspirante a actor, desesperado en conseguir un rol con diálogos y con un affair con una actriz/modelo no muy completa del cerebro. Su hermano esconde inmigrantes ilegales en su casa por deudas anteriores contraídas con Kam, el capo, traficante y asesino chino más buena persona que nadie pudiera conocer.

Y así, la vida va normal en Jpod, hasta que todo comienza a irse al carajo cuando los jefes deciden que hay que agregar una tortuga antropomórfica "radical" y "cool" al juego de patinetas que es el proyecto actual de la compañía.

Personajes amorales, referencias pop al por mayor, métodos alternativos de entregar la narrativa y auto inserción por parte del autor. Todos los elementos para un desastre literario conjuntados. Y sin embargo, la novela es ligera y altamente satisfactoria, igual que una sopa maruchan con limón y salsa de botella (igual de hueca también).

Los mejores segmentos son sin duda las cadenas de texto y mails que se envían entre sí los prisioneros de jpod a lo largo del libro. Por ejemplo, el pasado de los jpoditas es revelado en un concurso de cartas de amor a Ronald McDonald. ¿Por qué razón? Ya ni me acuerdo.

En fin. Libro altamente recomendable si la expectativa es leer pendejadas (apá dixit).

domingo, 6 de octubre de 2013

Ortografía (o como, al parecer, me convertí en un esnob)

First, a random rant:

Me da una sensación que no sé describir muy bien (entre enojo, sorpresa y ganas de burlarme), cada que veo una de esas quejas online en las que algún internetero reclama por el mal uso de un meme.


Ahora resulta que hay puristas de los memes de internet, ¡pero chingue su madre el escribir correctamente! Al fin que todos entienden ¿no?

Pues no, o por lo menos, todavía no.

Últimamente me ha tocado revisar documentos redactados por mis colegas, los cuales van dirigidos a clientes y después de eso algo es claro. Al día de hoy todavía tengo una ventaja competitiva comparado con la mayoría de mis compañeros de trabajo y colegas de profesión: tengo una mínima preocupación por escribir correctamente.

Los documentos tienen múltiples faltas de ortografía y una tendencia exagerada a utilizar las recomendaciones del verificador ortográfico del Word, razón por la cual suelo encontrarme muchos gíreles en lugar de redes inalámbricas (Wireless) y muchos tizón en lugar del nombre de un cliente. 

Pero eso es lo de menos, el principal problema es que el texto a veces ni se entiende. Hay oraciones exageradamente complicadas de comprender porque no tienen inicio, demarcaciones de pausas e incluso, a veces parecen no tener un final.

Y esto es a nivel profesional. Desgraciadamente la mayoría de mis conocidos en edad escolar no saben redactar. También es común ver en la calle muchachos (hace 15 años yo era uno de esos...ya me agüité :-(   ) que están platicando y no pueden expresar algo porque no saben describirlo y terminan utilizando expresiones circulares que no explican nada (y luego rematan con un "si me entiendes, ¿no?")

Puede sonar a una idiotez, pero sigo convencido de que un escrito claro da la ventaja a nivel profesional haciendo que lo tomen más en serio a uno respecto a la competencia, y lo que he visto en el plano laboral no hace más que darme la razón.

Desgraciadamente, si a las personas en general les vale madre el escribir de forma correcta y lo toman solo como una sangronada de güeyes que se sienten muy intelectuales, como creo que está ocurriendo, llegará el momento que una redacción clara y limpia no signifique nada y no entregará ningún plus. Los futuros clientes ya no valorarán como muestra de profesionalismo una presentación correctamente escrita y/o claramente explicada.

Y eso me deprime. Bastante.

¿Por qué? Al parecer porque soy un pinche esnob.


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Desde pequeño he tenido admiración por las personas que saben expresarse correctamente. Uno de los eventos que más me impresionaron de pequeño fue una charla de borrachos entre mi papá y mi tío, en aquél entonces aspirante a obtener un doctorado, sobre algún tema relacionado con su campo de trabajo. Ni siquiera recuerdo de que tema en específico hablaban, sólo recuerdo que la plática era fluida, sin trabas y fácil de comprender a pesar de que continuamente se tenía que interrumpir para explicar algún término técnico que mi papá y yo desconocíamos.

De la misma forma que dialogar con alguien que se exprese de forma fluida y clara genera la impresión de que quien está enfrente tiene más de dos neuronas conectadas, leer un escrito claro suele ser indicativo de que el autor tiene cualidades intelectuales. Por lo menos se preocupa por saber expresarse, o mínimo lee lo suficiente.

Soy muy menso y no logro expresarme de forma clara. Además, frecuentemente me equivoco en mis textos. Cometo errores de ortografía y redacción. Continuamente me confundo en el uso del porqué/por que/porque/por qué/ o el cómo/como, pero sigo teniendo ventaja sobre mis colegas y pareciera que con el tiempo esas se van acrecentando.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

So much celebration

Queen: Do you think your gettin' better ev'ry day?
Guamu: No, I just think I'm two steps nearer to my grave.

lunes, 8 de julio de 2013

¿Y la problemática apá?

Me da una especie de placer morboso cada que en la chamba salen con alguna variación (como hace media hora) del siguiente diálogo:

Jefe del jefe: ¡Hey Jefe atiende esto a la brevedad! **reenvía cadena de texto donde alguien se queja de que no se ha resuelto "el problema"**.
Jefe: ¡Hey Guamu atiende esto! **reenvía misma cadena de texto**
Guamu: Mmta.. **lee el historial del correo...no se ve ningún lugar donde se describa cual es el problema**  ¿Tienen más información? ¿Cuál es el problema?
Jefe: No, esa es toda la información que hay. Averígualo.
Guamu de un universo paralelo: ¡Genial! ¡Me encanta andar averiguando con los clientes cuales son las broncas que ya debería de conocer a la hora de contactarlos!


sábado, 29 de junio de 2013

It's bey-bee shop-ing taɪm

Hoy fuimos, mi muy embarazada esposa y yo, a hacer "el mandado de las cosas que faltan del bebé" en preparación para la ya inminente llegada de 4to.

Lo único sensato que puedo decir al respecto es que sigo siendo totalmente neófito en estos menesteres y que como medida precautoria ya estoy adaptando un manual de procedimientos de trato diario del mini-yo.




A ver si algo se me pega de aquí a tres semanas.

domingo, 21 de abril de 2013

Just dined too much.

¿Nunca han tenido la sensación como a las 3:21 de la mañana de que hay algún ente maligno esperando a que te despiertes para hacerte sufrir de la forma más cruel posible por todas las culeradas que has hecho a lo largo de tu vida?


Yo tampoco.

Buenas noches.

domingo, 10 de marzo de 2013

Toma tu pinche indiferencia...

Desde que la gente se enteró de que viene un mini-yo en camino la pregunta mas común ha sido la misma:
¿Y? (¿qué se siente saber que vas a ser papá?)
Y mi respuesta totalmente honesta ha sido la misma: "No sé. Nada". Y no miento, simplemente no me muero de emoción, ni ansias, ni pienso es que voy a hacer, ni nada similar.

Me asusté cuando la plebe tuvo su amenaza de aborto, me preocupa que la ataquen tan seguido los achaques y no me gusta que se ponga a hacer cosas como desvelarse porque "tiene mucho que hacer". Pero la preocupación no ha sido mayor que cuando se enfermaba (cada tres días ¬_¬) de sus dolores de cabeza permanentes.

Ya cambió toda la rutina de la casa porque la plebe ya no maneja y hay que moverla a todos lados, además de que la comida es un relajo por los tiempos, pero como decía mi apá: no hay piri.

Siempre me molesta que en el trabajo me saquen de la ciudad para hacer algo que supuestamente nadie más puede hacer, pero no creo estar más encabronado que de costumbre por estar como pendejo en el D.F. porque los compañeros "no pueden" con algo. O quién sabe, a diferencia de ocasiones anteriores no tengo ni ganas de pelearme con mi jefe.


El punto es que la semana pasada me dí cuenta de que estoy teniendo algunas compulsiones post conocimiento del embarazo. Desde octubre que me enteré de la noticia hasta la semana pasada he comprado 13 juegos físicos...
... y 27 juegos descargables.
Mientras que en los 10 años anteriores compré alrededor de 40 juegos.

O sea 10 años == últimos 5 meses.

Para no sentir nada ando desperdiciado el dinero muy a gusto. ¬_¬

viernes, 25 de enero de 2013

Adventures in networking

Real tech support conversation today with the Technical Assistance Center (TAC) of a leading networking security vendor:

Vendor's TAC: Hi. This is Vendor's. What can I help you with?
Guamu: We're having such and such and such issues...
Vendor's TAC: Ok, let me check the device...
Guamu: No problem **gives access**

**20 minutes of  troubleshooting**

Vendor's TAC: Can you give me 2 minutes?
Guamu: Ok.
**2 minutes pass**

Guamu: Your 2 minutes have passed. Ha Ha.
**Click**
Guamu: Hello..? Hello...?

The moral of the story: Don't try to be "funny"

lunes, 17 de diciembre de 2012

Are you kiddin' me?

Escuchado al jefecito en el trabajo al ver que batallé para moverme en la interfaz de su iphone:
¿Qué no tienes aifon?
No.
¿Ni aipad?
Tampoco...
¡Ay, no mames! ¿Por qué?
No sé, no lo he necesitado.
¿Y para qué quieres ganar dinero entonces?

domingo, 25 de noviembre de 2012

Late to the party: Professor Layton and the unwound future.

Cuando recién me compré un Nintendo DS, lo hice al más puro estilo del Guamu: cinco años después de su lanzamiento, cuando el sistema ya iba de salida, sin saber mucho del equipo ni los juegos disponibles y por un único juego: "Picross 3D" (juego que, por cierto, nunca encontré en tiendas).

Solicitando recomendaciones al único conocido que sabía tenía un DS, me dijo que intentara con la serie del Prof. Layton. ¿La prueba del éxito? Su novia los estaba consumiendo como diabético a la metformina.

Siendo quien era el recomendante y debido a la intervención de la chamba, no pasé de 20 minutos en el primero... hasta hace dos meses cuando, estando secuestrado una vez más por la chamba en la ciudad capital, decidí comprar Layton and the unwound future.


Buena decisión.

La serie de juegos del profesor Layton se puede describir como una mezcla entre esos juegos viejos de aventura de las PCs donde hay que hacer clic en todo para ver qué reacciona y un friego de acertijos que hay que resolver para avanzar la historia. La trama suele ser bizarra, bastante alucín y el final pretende explicar mediante el uso de la lógica los sucesos inverosímiles que han ocurrido...pero a base de sucesos más inverosímiles aún (o por lo menos van 2 juegos de 2 donde eso ocurre).

Hershel Layton es un profesor en una universidad de Londres, famoso por descubrir el secreto de algunos misterios que, junto con su ayudante Luke, van desentramando enigmas que la policía no puede resolver. El mundo de Layton es una especie de Londres de principios del siglo XIX, pero con un montón de anacronismos como son robots gigantes, carros voladores o personajes obsesionados con el rock.

En esta ocasión una demostración de la primera máquina del tiempo ha salido mal y han desaparecido varias personas tras una explosión, incluyendo al primer ministro. Una semana después, el profesor recibe una carta supuestamente escrita por su ayudante 10 años en el futuro, donde le pide ayuda ya que el futuro Layton se ha convertido en el líder de la mafia y se ha obsesionado con los viajes en el tiempo. Sólo Layton puede detener a Layton (o algo así) y el Luke futuro los dirige a lo que parece ser una máquina del tiempo.

La neta esto no suena tan atractivo. ¿Entons?

El secreto está en la ejecución. Los acertijos son variados, hay preguntas capciosas, problemas matemáticos y algunos más interactivos que consisten en acomodar o mover cosas. La dificultad en general es sencilla, pero hay algunos que son asquerosamente difíciles.  Además hay cierta tendencia a proponer acertijos que parecen muy complicados y cuya respuesta suele ser una mensada: Este webcomic lo describe a la perfección.


La música, los escenarios y los personajes son lo que aderezan el juego. Los escenarios son imágenes estáticas de pequeño tamaño (esto es un DS ¬_¬) pero están llenos de detalles y son variados. La música es lenta y repetitiva, pero nunca me llegó a enfadar y el tema de Layton está chingón.
 

Los diseños de los personajes secundarios son feos siempre que se ven en fotos y generan cierta especie de disonancia visual con la historia. Parece animación para niños chiquitos y no van con narraciones de asesinatos y misterios sobrenaturales. Sin embargo en las secuencias animadas toman cierto...encanto.



En fin, que llegué 4 años tarde a la fiesta y hubiera sido genial llegar desde el principio, pero eso quiere decir que todavía tengo 3 juegos más para que me enfade la serie.

...

Por cierto, con eso de que ahora andan de moda los monos de Trino...
Bonus: ¡Trino puedes demandar!

viernes, 23 de noviembre de 2012

A quienes se encuentra uno en los tacos

Escuchado a un homeless dude barbudo, medio canucio afuera de un negocio de tacos en la Av. Miguel Alemán, después de agradecer su moneda de 5 pesos de la mano del guamu güey:

Homeless Dude: "Me llamo Juan Ramírez...pero me apellido Villalobos" **wink** **wink**
Guamu: ¿Juan Sánchez Villa-Lobos Ramírez? 

Fuck. Is dat you?




viernes, 26 de octubre de 2012

Antiguos traumas: Cubierta del News of the World

Cuando tenía como 10 años mi apá compró una nueva grabadora que, además del típico radio FM/AM y sus dos caseteras, podía tocar CDs. Uno de los primeros discos que compró fue "Queen Greatests Hits", el cual creo que causó que me enamorara de la música del grupo a base de pura repetición en las borracheras de la generación previa.

Más o menos por esas fechas un tío fue a vivir a Guaymas, por lo que era menester ir a visitarlo seguido. Su música predilecta es el rock inglés setentero, debido a lo cual estaba apilando su colección de discos de Yes, Zeppelin, Queen y similares. Yo aprovechaba cada viaje con mi familia para escuchar alguno de los CDs de su creciente colección.

Ahí fue donde conocí uno de mis traumas de la infancia: El arte del sexto disco de Queen

Esa pinche gotita ¬_¬ 

 

La portada es un robot gigante con ojos de perrito regañado sosteniendo lo que parece ser un güey desmayado o muerto (May) y otro con el pecho ensangrentado a base de un dedazo (Mercury). Un tercero va cayendo al vacío a su muerte (Deacon) y en la contraportada un güero está a punto de llegar al suelo (Taylor).

Ahora, la verdad, la portada no me daba tanto miedo. No. El trauma lo completaba el arte de dentro del disco:

¡Qué creepypasta ni que fregados!

 

Ya más crecido (y un poco menos miedoso) esos dos dibujos me empezaron a gustar bastante. Tienen un aire a ciencia ficción de los 50's que me llama fuertemente la atención. Es decir, hay algo respecto a un robot gigante con tendencias genocidas que destruye una especie de domo gigante para agarrar la mayor cantidad de sujetos asustados que grita "distopia" a todo lo que da.

¿Y esto qué al caso? Nada. Simplemente que hoy me enteré que el dibujo lo hizo originalmente el dibujante Frank Kelly Freas para una revista de ciencia ficción cincuentera. El dibujo es básicamente el mismo (minus Queen) y tenía el subtitulo "Please... fix it, Daddy?".


sábado, 15 de septiembre de 2012

Crónicas de un provinciano idiota en la gran ciudad.

¿Quién dijo que una estancia de dos meses en la capital es interesante? Aquí evidencias de lo contrario.

Parte 1 .- Random chingaderas
Debido a que mi lugar temporal de residencia estuvo en Tlalnepantla (ese bello lugar que escriben mal en todas las facturas) cualquier viaje comenzaba buscando un camioncito frente al ¿monumento? más feo que conozco: Las torres de Satélite.

Su momento de fama: Ingrata de Café Tacvba.
Es extraño que si uno avanza de Sur a Norte por el periférico se ven desde lejos, pero de norte a sur nomás se ven llegando a la lomita.

Ausentes en la foto, las inches torres.
Uno de cada dos días me agarraba la lluvia. Y podría argumentar que al estar acostumbrado a la sequía permanente de Sonora, me sorprendía a cada rato. La verdad es que soy un animal que tarda en aprenderse los trucos más fáciles y por eso nunca compré un cochino paraguas.

Miren inches sonorenses. Así se ve cuando cae agua del cielo.

Cada quien es libre de pegostear en su vehículo lo que le venga en gana. Solo puedo decir una cosa: nacos hay en todos lados.


!Ah¡, y hablando de cantantes que a nadie le gustan: en la entrada del metro Auditorio hay un mural con puras estrellas (y dos colados) del rock. Está fregón, lástima que el resto de la estación esté de la fregada con sus posters despintados de los mapitas de otros metros.


¿Ya mencioné que, frecuentemente, al querer salir del metro me encontraba con que estaba lloviendo/granizando?


Cuando a las dos semanas de estar allá, mi jefe salió con su ya desgastado discurso de "La compañía te necesita, te quedas hasta que salvemos el barco", me prometí que no me iba a llenar de libros a lo pendejo. Por supuesto no me cumplí. Eso es lo único que realmente extraño del D.F.: libros a lo pendejo, en cualquier lado y en ocasiones a precios irrisorios.


Por cierto para aquellos que se quejan del periódico local en Cd. Obregón. ¿Cómo la ven con el humor chilango"? Carro chocó con puesto de fritangas... Sopes **Drum roll** ¬_¬

Es chistoso porque es real @_@

Por supuesto que el día que salió publicada esa noticia me agarró la lluvia desprotegido en la calle.


Y ya para terminar una chocoaventura nada interesante puedo contar que el último domingo antes de regresar, trasbordando en metro Tacubaya, me topé con un madral de granaderos al bajar las escaleras.

Pero cuando digo un madral, es un madral. Ya estaba haciendo mis teorías de dónde habían puesto las bombas los rijosos cuando unos 50 mts. atrás comienzan a salir los de la porra del Cruz Azul. Resulta que los iban escoltando y no había explotado nada.

En mi cabeza fue más divertido.

Sí, no soy bueno tomando fotos. Ausentes: un chingo más de polecías.
PD. Si hay algo de lo que podré estar orgulloso es de haber visitado el taller automotriz más hardcore de todo el universo:

En tu cara Hetfield

martes, 14 de agosto de 2012

Reflexiones post-olímpicas del Guamu Güey

Se acabaron las olimpiadas de Londres 2012. Pero eso no los libra de mis sesudas reflexiones y comentarios en torno a la justa deportiva más impactante de los últimos tiempos. tvazteca dixit.
  1. Cada cuatro años me invade la misma duda ¿Son Jaimacanos o Jamaiquinos? Ni los diccionarios patito de la casa se ponen de acuerdo.
  2. ¿Cuándo fue el momento en el que la capital de China dejó de llamarse Pekín aquí en México para convertirse en Beijing?
  3. ¿Soy el único al que le asusta la perspectiva de que una chamaca que, por su edad (16), posiblemente creció escuchando toda su música en emepetres, nació en el sexenio de Zedillo, no le ha tocado el dólar a menos de 9 pesos durante toda su vida y para quién los casetes son cosas igual de prehistóricas que los LP's, tenga una medalla olímpica?
  4. Si no me equivoco hasta Atenas 2004 México era igual de bueno en tiro con arco como en triple salto de longitud (o sea inexistente). ¿De cuando acá somos unas reatas?. 
  5. ¿Juan René Serrano es el ejemplo perfecto del ya merito? Pobre güey, al parecer es peor estar a punto de ganar y no hacerlo que quedar perdido en lugar veintiferia.
  6. Cuando el inche sapo del Guamu era apenas un inexperto cíboli, le preguntó a Guamu Senior cuál es (era) el deporte en el que México es(era) bueno. Mi apá miró a la pared y torció a la derecha la boca, su señal de que estaba pensando que contestar, después de un momento me dijo "Caminata y Box". Hoy son deportes con los que los comentaristas televisivos se pueden ensañar diciendo la porquería en que nos hemos convertido.
  7. Neta, ¿Por qué nadie se atreve a decirle a los comentaristas de la tele abierta que están ahí para explicarnos a la gran masa de gente ignorante que es lo que pasa en deportes a los que sólo nos asomamos cada que está un mexicano en competencia? Me caga (palabra chilanga que traje de exportación de mi último viaje) que se disfracen de porristas.
continuará...